Nos vemos a nosotros mismos como seres reales, pero quizá somos nuestros propios y engañosos espejismo.
Nosotros representamos el futuro de Pakistán, un futuro en el que no tiene cabida la ignorancia, la intolerancia, y el terrorismo.
Nuestra adhesión a un jefe natural no es una pérdida de libertad, es el reconocimiento de que nuestras ideas tiene un ejecutor y un intérprete.
Nuestra amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo.
Nuestra entera vida es como una comedia.
Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.
Nuestra vida es como un sueño. Pero en las mejores horas nos despertamos lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos.
Nuestra vida es nuestro pensamiento. Cuando Un hombre cambia sus pensamientos hacia las cosas y las personas, las personas y las cosas cambian.
Nuestra vida está tan llena que actúa cuando no hacemos nada.
Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas.
Nuestras buenas y nuestras malas acciones nos siguen casi como una sombra.
Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender.
Nuestro amor es como la llovizna que cae quedamente (silenciosmente), pero desborda el río.
Nuestro corazón tiene la edad de aquellos que ama.
Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y desdeñar el cultivo de las que posee.
Nuestro ideal no llega a las estrellas, es sereno, sencillo; quisiéramos hacer miel como abejas, o tener dulce voz o fuerte grito, o fácil caminar sobre las hierbas o senos donde mamen nuestros hijos.
Nuestro sistema es la medida del absurdo, ya que tratamos al delincuente a la vez como un chico, de modo de tener derecho a castigarlo, y como un adulto, para poder negarle consuelo.
Nuestro sueño, cuando lo seguimos, es el mejor pronosticador de nuestro futuro.
Nuestros defectos nos imitan más cuando los observamos en otros.
Nuestros defectos son como nuestros olores corporales: no los percibimos y no molestan, salvo a quienes están con nosotros.
Nuestros sentidos nos engañan o son insuficientes, cuando se trata de análisis, observación y apreciación.
Nunca comprenderá usted lo que sentimos los músicos cuando oímos detrás de nosotros el paso de un gigante como beethoven.
Nunca consideres el estudio como un deber, sino como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber.
Nunca detengas tu mirada hacia cada sueño, enfócate en la justicia de los oprimidos y conocerás como combate un buen Guerrero de la mano de Dios.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.