Siempre sentí que un científico debe al mundo sólo una cosa, que es la verdad como él la ve.
Siempre, amor... (¡Y estas dos palabras naúfragas, entre alma y piel clavadas contra el viento!).
Sin duda es mejor un amor prudente; pero es preferible amar locamente a carecer de todo amor.
Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.