Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor.
Todos caminaron. Pero pocos dejaron huellas. . .
Todos desean saber, pero pocos pagar el trabajo que vale.
Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.
Todos los años hay un campeón, pero no siempre hay un gran campeón.
Todos los hombres estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son.
Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo, que desaparece gracias al amor; pero el amor nos da miedo.
Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
Todos los silencios de la tierra son pétalos de tu flor.
Todos mienten, pero no importa porque nadie escucha.
Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
Todos podrían herir a la verdad. Pero nadie podría matarla.
Todos pueden matarme, pero no todos pueden herirme.
Todos somos culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades las mayores caerían sobre las clases dirigentes.
Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla.
Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo.
Todos tenemos orígenes comunes: las madres; todos nosotros venimos de la misma sima, pero cada uno –tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio fin.
Toma consejo en el vino, pero decide después con agua.
Toma problemas prestados, si te lo dicta tu naturaleza, pero no los prestes a tus vecinos.
Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé más lento aún en cambiarlo.
Tratar a la gente bien te llevará mucho más lejos en la vida que el atletismo. Trabaja duro, pero trabaja duro para hacer a alguien sonreír.
Tres facultades hay en el hombre: la razón que esclarece y domina; el coraje o ánimo que actúa, y los sentidos que obedecen.
Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.
Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.