Toda la gente cruel se describe a sí misma como el parangón de la franqueza.
Toda la naturaleza es como un arte desconocido del hombre.
Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo.
Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo.
Todas las visiones pesimistas en la historia de los hombres nada tienen que hacer frente a la realidad. Ninguna de las antiguas religiones puede satisfacernos, todas ellas nacieron en periodos idílicos.
Todo amor, como experiencia, es absolutamente original.
Todo depende de cómo vemos las cosas y no de como son en realidad,
Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro.
Todo el mundo cuenta como ganó sus primeras cien pesetas; nadie cuenta como ganó su último millón.
Todo el que deja hacer lo que es capaz de hacer, peca.
Todo es como los ríos, obra de las pendientes.
Todo es un tablero de ajedrez de noches y días, donde el destino, con hombres como piezas, juega: Acá y acullá mueve, y da jaque mate y mata, y uno por uno, vuelve a ponerlos en la caja.
Todo está dicho, pero como nadie escucha...
Todo hombre es como la Luna: con una cara oscura que a nadie enseña.
Todo lo que se desarrolla comienza por ser pequeño. Es al alimentarse gradualmente como, con constantes progresos, llega a hacerse grande.
Todos los hombres son diferentes. Y deben hacer lo posible por continuar siéndolo.
Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay gente que ama más a sus perros que a los hombres.
Todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que hacer, una meta que alcanzar. No escogimos el momento para venir al mundo: Ahora podemos hacer el mundo en que nacerá y crecerá la semilla que trajimos con nosotros.
Trabajamos siempre para dar forma a nuestra vida, pero copiando sin querer, como un dibujo, los rasgos de la persona que somos y no los de aquélla que nos agradaría ser.
Trabajar con amor es construir una casa con cariño, como si vuestro ser amado fuera a habitar en esa casa.
Trabajar en filosofía -como trabajar en arquitectura, en muchos sentidos- es en realidad un trabajo sobre uno mismo. Sobre la propia interpretación. Sobre el propio modo de ver las cosas -y lo que uno espera de ellas-.
Trabajemos como si nunca tuviéramos que morir, y vivamos como si tuviésemos que desaparecer a cada instante.
Trabajemos sin razonar, es el único medio de hacer la vida soportable.
Trata a la gente como te gustaría ser tratada. Habla a la gente como te gustaría que te hablen. El respeto se gana, no se recibe.
Trata a los pequeños como tú quisieras ser tratado por los grandes.