Cole��o pessoal de almerindacruz
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Quiero volver a los orÃgenes del cine: a la improvisación; eliminar esa Gestapo que es el guión, para que de cada plano crezca un pedazo de universo.
Luis Franco
Este juego pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y nadie puede saber de él qué divinidad lo regaló a la Tierra para matar el tedio, aguzar el espÃritu y estimular el alma.
Stefan Zweig
Más vale maña que fuerza.
Refran
La injusticia es humana pero más humana es la lucha contra la injusticia.
Bertolt Brecht
Cuando estoy entre locos, me hago el loco.
Diogenes
Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa.
Democrito de Abdera
El propósito de la vida es vivirla, disfrutar de la experiencia al extremo, extender la mano con impaciencia y sin miedo a vivir experiencias más nuevas y más enriquecedoras.
Eleanor Roosevelt
No hay nada, sin duda, que calme el espÃritu tanto como el ron y la verdadera religión.
Lord Byron
Juego al ajedrez como si mi partida fuera a analizarla mi enemigo.
Fernando Arrabal
El enamoramiento es un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza.
Jose Ortega y Gasset
Los hombres viven, en general, el presente con una cierta ingenuidad; esto es, sin poder llegar a valorar exactamente sus contenidos.
Sigmund Freud
El dinero lo ganan todos aquellos que con paciencia y fina observación van detrás de los que lo pierden.
Benito Perez Galdos
En la mayorÃa de los hombres la conciencia es una anticipación de la opinión ajena.
John Henry Taylor
¡La mujer y el niño necesitan más cariño, que leche!.
Gloria Fuertes
La buena suerte no es casual, es producto del trabajo; asà la sonrisa de la fortuna tiene que ganarse a pulso.
Emily Dickinson
El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende.
Blaise Pascal
Las revoluciones y los pronunciamientos no son las escuelas en las que se ha de aprender el patriotismo.
Juan Bautista Morales
Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas, se le convierte en esclavo de su propia finitud.
Juan Pablo II