Entristécete no porque los hombres no te conozcan, sino porque tú no conoces a los hombres.
Es preciso elegir entre amar a las mujeres o conocerlas; no hay otro medio.
Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.
Es una cosa bastante repugnante el éxito. Su falsa semejanza con el mérito engaña a los hombres.
Existen mujeres que aman a un hombre de la misma manera que comen una comida anhelada...