Cuando las mujeres decimos que no, nos tachan de tontas y anticuadas, pero cuando las mujeres decimos que sí, nos acusan de vulgares y prostitutas; no hay forma de que hagamos algo sin que seamos criticadas.
Cuando las mujeres decimos que no, nos tachan de tontas y anticuadas, pero cuando las mujeres decimos que sí, nos acusan de vulgares y prostitutas; no hay forma de que hagamos algo sin que seamos criticadas.