Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados una a arrollar, el otro a no ceder; la senda estrecha, inevitable el choque
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados una a arrollar, el otro a no ceder; la senda estrecha, inevitable el choque.
Hoy como ayer, mañana como hoy, ¡y siempre igual!, un cielo gris, un horizonte eterno y andar..., andar.
Hoy la tierra y los cielos me sonríen, hoy llega al fondo de mi alma el sol, hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado.... ¡hoy creo en Dios!.
La brilladora lumbre es la alegría; la temerosa sombra es el pesar: ¡Ay!, en la oscura noche de mi alma,
La dicha está constituida por esos huecos cerebrales sin historia.
La soledad es el imperio de la conciencia.
La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo.
Las voluntades débiles se traducen en discursos; las fuertes, en actos.
Llevadme, por piedad, a donde el vértigo con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!.
Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa.
Los poetas son gente impúdica.
Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar, dime mujer, cuando el amor se olvida, ¿sabes a donde va?
Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!.
Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!.
Mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas, ¡habrá poesía!.
No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía.
Nuestra pasión fue un trágico sainete en cuya absurda fábula lo cómico y lo grave confundidos risas y llanto arrancan.
Para progresar no basta actuar, hay que saber en que sentido actuar.
Pensar colectivamente es la regla general. Pensar individualmente es la excepción.
Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.
Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso. . . ¡yo no sé que te diera por un beso!.
Retroceder ante el peligro da por resultado cierto aumentarlo.
Si pudiera hacerse la disección de las almas, cuantas muertes misteriosas se explicarían.
Todo es mentira: la gloria, el oro. Lo que yo adoro sólo es verdad: ¡la Libertad!.