El que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas.
El que ha comenzado bien, está a la mitad de la obra.
El secreto para vivir en paz con todos consiste en el arte de comprender a cada uno según su individualidad.
El sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos.
El silencio es un gran arte para la conversación.
El sueño es un arte poético involuntario.
El sufrimiento purifica. Aquel que sepa sufrir mejor, hará mejor obra.
El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar.
El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma.
El toreo es un arte misterioso, mitad vicio y mitad ballet. Es un mundo abigarrado, caricaturesco, vivísimo y entrañable el que vivimos los que, un día soñamos con ser toreros.
El único momento de una obra es aquel en que la escribimos.
El verdadero arte de la diplomacia consiste en no perder el cargo.
El verdadero arte de la memoria es el arte de la atención.
Ella había perdido el arte de la conversación, pero no la capacidad de hablar.
En cierto modo, el arte es una crítica de la realidad.
En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
En el arte como en el amor, basta con el instinto.
En el arte de vivir, el hombre es al mismo tiempo el artista y el objeto de su arte, es el escultor y es el mármol, el médico y el paciente.
En el arte no hay malos motivos; hay motivos mal empleados.
En el arte, nada que merezca la pena se puede hacer sin genio; en ciencia, incluso una capacidad muy modesta puede contribuir a un logro supremo.
En los mejores días del arte no existían los críticos del arte.
En mexico el arte de la entrevista periodistica no se ha desarrollado porque a los politicos y a los hombres importantes les gusta disfrazarse de esfinges.
En parte, el arte completa lo que la naturaleza no puede elaborar y, en parte, imita a la naturaleza.
En plegar y moldear está el arte político. Sólo en las ideas esenciales de dignidad y libertad se debe ser espinudo, como un erizo, y recto, como un pino.
En toda obra de genio reconocemos nuestros pensamientos rechazados.