Cada persona forja su propia grandeza. Los enanos permanecerán enanos aunque se suban a los Alpes.
La grandeza de un hombre está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral.
La grandeza no se enseña ni se adquiere: es la expresión del espíritu de un hombre hecho por Dios.
La grandeza y el amor son como los perfumes; los que los llevan apenas los sienten.
La majestad y la grandeza no está en ser uno señor, sino en que por tal le tengan.
La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.
La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.