Todos los órganos humanos se cansan alguna vez, salvo la lengua.
Un hombre de Estado divide a los seres humanos en dos especies, primero instrumentos, segundo enemigos. Propiamente no hay para él, por tanto, más que una especie de seres humanos: enemigos.
Van mal los asuntos humanos cuando queda solamente la fe en los asuntos materiales.
Yo deseo llevar a cabo la fraternidad o identidad no sólo con los seres llamados humanos, sino que quiero llevar a cabo la identidad con toda la vida.
Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros, los que pueblan el mundo y se llaman humanos: siempre el beso en el labio, ocultando los hechos y al final... el lavarse tan tranquilos las manos.
¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.