Frases de Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam (Desiderius Erasmus, c. 1466-1536) fue un humanista, filósofo y teólogo neerlandés, figura central del Renacimiento y del humanismo cristiano. Estudió en París y enseñó en Cambridge; mantuvo correspondencia con los principales pensadores europeos. Su obra más célebre es "Elogio de la locura", sátira de la corrupción y las supersticiones de su tiempo.
También editó el Nuevo Testamento en griego y escribió sobre educación, paz y tolerancia. Sus críticas a la Iglesia le valieron disputas con Lutero y con sectores católicos. Se le cita por su defensa de la paz, la moderación y la amistad, y por frases que condensan su escepticismo ante el poder y la guerra.
También decía que a Dios ninguna cosa le habemos de pedir señaladamente, salvo que debemos pedirle simplemente el bien. Y por esto yerran los que demandan a Dios mujer rica, hacienda, honra, reinos, vida luenga y así otras cosas. Parece que éstos señalan a Dios y le quieren mostrar lo que debe hacer, a Él, que sabe mejor lo que nos cumple que nosotros mismos.
Los atenienses aconsejaban a Diógenes que tomase orden de sacerdote y se consagrase, diciendo que los que así eran ordenados tenían después señorío en el cielo. A esto respondió Diógenes: Ciertamente ésta es cosa de reír si pensamos que Argesilao y Epaminondas están en el infierno y Patecio ladrón y otros tales como él están en el cielo, y esto porque tomaron orden sacerdotal. Gravemente reprendió la mala costumbre de los sacerdotes de aquel tiempo, los cuales por sus intereses persuadían a los hombres ignorantes y supersticiosos que si tomaban aquella orden o seña sacerdotal serían bienaventurados después de esta vida. Siendo cierto que la bienaventuranza está aparejada con aquellos que con buenas obras la merecen, tengan órdenes o no.
Decía también que era grande fealdad que uno que no sabe se ponga a ejercitar alguna arte ni oficio mecánico sin vergüenza, ni aun una canasta se da a hacer a quien no la sabe hacer, ni que sean admitidos y recibidos por gobernantes o regidores de la república aquellos que nunca supieron letras ni ciencia, sin la cual cosa no se puede gobernar ni tener oficio alguno en la república. Y decía que si alguno se asentase a gobernar el timón en algún navío no sabiendo el arte de navegar sería detestado y maldecido, cuanto más los que se llegan a gobernar la república ignorantes y poco sabidos.
Una vez un hombre había tomado de la casa de un caballero una taza, y siendo llevado por los jueces a la cárcel fue visto por Diógenes, que dijo: Los mayores ladrones llevan al menor. Pluguiese a dios que esto no se pudiese decir con razón de algunos jueces Cristianos, los cuales algunas veces ahorcan al que ha tomado solamente diez reales, aunque ellos se hayan hecho ricos a su salvo con grandes robos y cohechos.
(...) fue argüido que usaba de manjares delicados, mas al que le reprendió le cerró la boca y confundió de esta manera: ¿Y no comprarías estos manjares si te diesen por un ardite? Y como el contrario dijese que sí, le respondió Aristipo: Pues te hago saber que yo no me doy tanto al deleite cuanto tú a la avaricia, porque es cierto que si de gracia o por pocos dineros tú pudieses haber estas cosas, tú usarías de ellas más largamente que yo. Así que los tales con más razón deben ser tenidos por avarientos que por muy templados.
Un hombre le había injuriado malamente y no tomó pena ni se movió por ello, y como un amigo suyo se maravillase mucho, díjole: A mí no me dice mal, porque lo que dice no me compete a mí ni en mí se hallará. Al revés lo hace ahora el común de la gente que más se altera cuando no merece las injurias que se les dicen.
Otro le dio por injuria que era mestizo, porque su padre era de Atenas y su madre era bárbara. A éste respondió: Tampoco tú eres hijo de dos luchadores, en cambio eres luchador. Quiso decir que no va nada en que el hombre sea nacido donde quiera y de cualquiera, con tal de que sea bueno y virtuoso.