Georg Christoph Lichtenberg

1 - 25 de 45 pensamientos de Georg Christoph Lichtenberg



La fe en un dios es instinto, y le es tan natural al hombre como el caminar erguido, aunque en algunas personas se vea modificada y en otras incluso asfixiada. Por lo general está siempre presente y es indispensable para la buena configuración de la capacidad de conocimiento (buena configuración interna).

Georg Christoph Lichtenberg

Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.

Georg Christoph Lichtenberg

Quien tiene menos de lo que desea ha de saber que tiene más de lo que vale.

Georg Christoph Lichtenberg


Querer deducir ciertas cosas de la sabiduría de Dios no es mucho mejor que hacerlo a partir del propio entendimiento.

Georg Christoph Lichtenberg

Una nación que quiere agradar a todos, puede ser despreciada por todos.

Georg Christoph Lichtenberg

No te dejes contagiar, no des ninguna opinión como tuya antes de ver si se adecúa a ti, mejor opina tú mismo .

Georg Christoph Lichtenberg

Intentar modificar el carácter de un hombre es como tratar de enseñar a una oveja a tirar de un carro.

Georg Christoph Lichtenberg

Cuando ven a un hombre que piensa libremente, los clérigos arman un alboroto similar al de las gallinas que descubren entre sus polluelos a un patito que se lanza al agua. No piensan que algunos viven tan seguros en este elemento como ellos en seco.

Georg Christoph Lichtenberg

Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.

Georg Christoph Lichtenberg

Triste amor es aquel en que los amantes se acuestan por primera vez en la tumba.

Georg Christoph Lichtenberg

Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.

Georg Christoph Lichtenberg

Por lo menos una vez al año todo el mundo es un genio.

Georg Christoph Lichtenberg

La idea de que en el cielo hay una mayor igualdad de clases es lo que, en el fondo, l0 hace tan agradable a los ojos de los pobres.

Georg Christoph Lichtenberg

Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.

Georg Christoph Lichtenberg

Hay un estado, que al menos en mi no es muy raro, en el que uno soporta igualmente mal la presencia o la ausencia de una persona amada; al menos en la presencia no encuentra el placer que, a juzgar por la intolerabilidad de la ausencia, debería esperar de ella.

Georg Christoph Lichtenberg

En su rostro advertí realmente aquella niebla que suele subir siempre mientras dura la sensación de placer que produce el creerse por encima de otros.

Georg Christoph Lichtenberg

Es casi imposible llevar la antorcha de la verdad a través de una multitud sin chamuscarle la barba a alguien.

Georg Christoph Lichtenberg

Los indios denominan al Ser supremo Pananad o el Inmóvil, porque a ellos mismos les encanta holgazanear.

Georg Christoph Lichtenberg

El pueblo anhela oro y distinciones, y se sentiría timado si los tuviera. Entre los grandes también se ha puesto de moda envidiar al campesino su agua de manantial y su jergón de paja, y más de uno se sentiría asimismo timado si llegara a verse en ese estado. El poeta alude a un ideal, se dirá. Pero quién sabe si el campesino no idealiza a su vez el estado del gran señor.

Georg Christoph Lichtenberg

Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.

Georg Christoph Lichtenberg

Las espadas que realizan las mayores conquistas son las que tienen diamantes incrustados.

Georg Christoph Lichtenberg

Es muy cierto que gran parte de los hombres que son incapaces de amar tampoco valen mucho para la amistad. Pero también se ve menudo lo contrario.

Georg Christoph Lichtenberg

Los santos esculpidos han ejercido en el mundo mucha mayor influencia que los vivos.

Georg Christoph Lichtenberg

¿No es extraño que se pueda acceder a los más altos cargos honoríficos del mundo (rey) sin hacer exámenes, y que a cualquier médico de provincias se le exija examinarse?.

Georg Christoph Lichtenberg

La Revolución francesa, obra de la filosofia. Pero qué salto desde el "cogito ergo sum" hasta el primer grito de "A la Bastille!" resonando en el Palais Royal. Para la Bastilla fue la trompeta del Juicio Final.

Georg Christoph Lichtenberg


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