Frases de Atahualpa Yupanqui
Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Héctor Roberto Chavero Aramburu, fue un músico, cantautor, guitarrista y escritor argentino nacido en Pergamino en 1908 y fallecido en Nîmes en 1992. Recorrió América y Europa difundiendo el folclore de su país y del continente, con una obra que incluye canciones, poemas, relatos y reflexiones sobre la vida campesina.
Entre sus composiciones más conocidas están 'Luna tucumana', 'El arriero', 'Los ejes de mi carreta' y 'Milonga del solitario'. Su poesía sencilla y profunda, marcada por la guitarra y el paisaje, lo convirtió en una voz esencial de la cultura popular latinoamericana. Se le cita por su defensa de los humildes, su libertad artística y su mirada poética sobre el camino, la tierra y el silencio.
Siempre he pensado que nada es mejor que viajar a caballo, pues el camino se compone de infinitas llegadas. Se llega a un cruce, a una flor, a un árbol, a la sombra de la nube sobre la arena del camino; se llega al arroyo, al tope de la sierra, a la piedra extraña. Pareciera que el camino va inventando sorpresas para goce del alma del viajero.
La guitarra es para mí un poco el templo donde yo entro a rezar. Cuando yo necesito musitar mi salmo profundo, voy a la guitarra. Por supuesto, no voy a tocar chacareras, que me encantan, ni gatos. La chacarera en Santiago del Estero, la zamba en Tucumán y el estilo en la provincia de Buenos Aires, para mí eso configura toda una atmósfera tradicional y hermosa. Pero para rezar, la vidala. Y la hora no importa, las nueve o las tres de la mañana y no necesito el estímulo del vino, ni de amigos. respondo al reclamo interior, al "cascabel", como lo llamaba Ortega y Gasset: cuando se agita dentro de uno el cascabel, es cuando se necesita andar ese camino para ver qué rebaño lo anda buscando.
Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía 'su' estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba.
Mi padre era poco amigo de explicaciones. Pienso que tal vez prefería enfrentarme al paisaje, a los hombres, a las cosas que pueden ayudar a entender la vida, para que poco a poco yo sacara mis propias conclusiones. Tenía, sí, el buen tacto de no ofrecerme espectáculos vulgares. Muchas veces, con una mirada o una palabra, me ordenaba alejarme de gentes que él no consideraba oportunas o dignas para mis ojos.