Las crisis de los hombres se manifiestan cuando sus mundos se saturan de respuestas y escasean las preguntas.
Las diferencias políticas no dan derecho, entre hombres corteses y leales, a la inversión, o admisión indiscreta, y publicación voluntaria, de noticias falsas.
Las guerras son comenzadas por hombres asustados.
Las ideas envejecen más deprisa que los hombres.
Las ideas no son responsables de lo que los hombres hacen de ellas.
Las ideas son como las mujeres, alimentar diez cuesta menos que vestir una.
Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.
Las mujeres cuanto mas masa tengan, mas atractivas son.
Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día.
Las mujeres donde están sobran, y donde no están faltan.
Las mujeres feas son celosas de sus maridos. Las bonitas no tiene tiempo, ¡están siempre tan ocupadas en estar celosas de los maridos de los demás. . . !.
Las mujeres han servido durante todo este siglo como espejos que poseyeran el poder de reflejar la figura del hombre a un tamaño doble del natural.
Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo.
Las mujeres lo negaran o lo aceptaran, pero lo que siempre quieren es que se lo pidamos.
Las mujeres necias siguen la moda, las pretenciosas la exageran; pero las mujeres de buen gusto pactan con ella.
Las mujeres no advierten lo que hacemos por ellas; no notan sino lo que dejamos de hacer.
Las mujeres no llevan lo que les gusta. Les gusta lo que llevan.
Las mujeres no miden jamás los sacrificios; ni los suyos, ni los de los demás.
Las mujeres no notan sino lo que dejamos de hacer.
Las mujeres no son más que órganos genitales articulados y dotados de la facultad de gastar todo el dinero del hombre.
Las mujeres no son otra cosa que máquinas de producir hijos.
Las mujeres son como las corbatas: de lejos son bonitas e inofensivas, pero terminan ahorcando al hombre.
Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan.
Las mujeres son como los caballos: hay que hablarles antes de ponerles las bridas.