No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar mis velas para llegar a mi destino.
Si revelas tus secretos al viento no le eches la culpa al viento por revelárselo a los árboles.
Si yo fuese como una roca y no como una nube, mi pensar, que es como el viento, me abandonaría.
Siempre, amor... (¡Y estas dos palabras naúfragas, entre alma y piel clavadas contra el viento!).