En el vino (está) la verdad.
En todas las cosas, naturales y humanas, el origen es lo más excelso.
En torno de la esencia está la morada de la ciencia.
Es necesario diferenciar las cosas: lo que siempre existe sin haber nacido, y lo que siempre está comenzando sin jamás llegar a ser.
Frío e insípido es el consuelo cuando no va envuelto en algún remedio.
Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad.
La burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan
La civilización es la victoria de la persuasión sobre la fuerza.
La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.
La justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.
La libertad está en ser dueños de la propia vida.
La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.
La mejor tumba es la más sencilla.
La menor parte de lo que ignoramos, es mayor de todo cuanto sabemos.
La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo.
La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos.
Lo que no sé, tampoco creo saberlo.
Lo que se mueve por sí mismo es inmortal.
Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo.
Los espíritus vulgares no tienen destino.
Los hombres viven celosos de la inmortalidad.
Los muchachos deben abstenerse de beber vino, pues es un error añadir fuego al fuego.
Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra.
Los que propagan la calumnia y los que escuchan, todos ellos deberían ser colgados: los propagadores, por la lengua, y los oyentes por las orejas.
Los sabios hablan porque tienen algo que decir. Los tontos hablan porque tienen que decir algo.