La agricultura es la madre fecunda que proporciona todas las materias primeras que dan movimiento a las artes y al comercio.
La ambición es un vicio, pero puede ser madre de la virtud.
La cobardía es la madre de la crueldad.
La confianza es madre del descuido.
La desconfianza es la madre de la seguridad.
La duda es la madre del descubrimiento.
La ignorancia es la madre de todos los vicios.
La ignorancia es madre del miedo.
La injusticia es una madre jamás estéril: siempre produce hijos dignos de ella.
La libertad es la madre de todos los bienes cuando va acompañada de la justicia.
La madre y el delantal, tapan mucho mal.
La madre y la hija, por dar y tomar son amigas.
La más bella palabra en labios de un hombre es la palabra madre, y la llamada más dulce: madre mía.
La necedad es la madre de todos los males.
La novedad es madre de la temeridad, hermana de la superstición e hija de la ligereza.
La ociosidad es la madre de la filosofía.
La paciencia es la madre de la ciencia.
La pereza es la madre de la pobreza.
La prudencia es la madre de la tranquilidad
La religión tiene por padre a la miseria y por madre a la imaginación.
La sabiduría de este mundo es la madre y raíz de todos los males.
La sabiduría es, en el hombre, la madre de todas las virtudes; en la mujer, la madre de todas las cursilerias.
La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija loca de una madre cuerda.
La unión simbiótica tiene su patrón biológico en la relación entre la madre embarazada y el feto. Son dos y, sin embargo, uno solo. Viven juntos (sym-biosis), se necesitan mutuamente.
Madrastra, madre áspera.