Aunque somos nuestro propio tiempo, a veces somos el tiempo de otros y otros son nuestro tiempo, a veces sin quererlo, a veces queriendo, a veces durmiendo, a veces despiertos.
Ay, corazón viajero, tu soledad es perdición, has de llorar tu soledad vacía si se te muere la flor de la imaginación.
Blancas palabras, pero mi corazón seguirá cerrado.
Buen corazón, quebranta mala ventura.
Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.
Cada hombre, en el fondo de su corazón, tiene derecho a creerse enteramente igual a los demás hombres; de ello no se desprende que el cocinero de un cardenal deba ordenar a su amo que le haga la cena; pero el cocinero puede decir: "Soy hombre como mi amo; he nacido llorando como él; él morirá como yo entre las mismas angustias y las mismas ceremonias. Los dos tenemos las mismas funciones animales. Si los turcos se apoderan de Roma, y entonces yo me convierto en cardenal y mi amo en cocinero, lo tomaré a mi servicio".
Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.
Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno.
Cada uno tiene la edad de su corazón.
Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay.
Ciertos pensamientos son plegarias. Hay momentos en que, sea cual fuere la actividad del cuerpo, el alma está de rodillas.
Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones.
Cómo he de hallar reposo tras tu partida? Al irte tú, mi corazón se fue contigo.
Como mi corazón de llama, agitado en la noche, brillante y sin sosiego…
Con amor te desnudo. Quedas como mi carne. Como mi corazón y sus latidos.
Con nuestros actos le crucificamos a diario, busquemos ser mas humanos ante el dolor de nuestro prójimo y recordar que así como Dios nos ama debemos amar, sumidos en sinceridad.
Con un dolor de corazón en que se mezclan la angustia y la dulzura.
Con veinte años el corazón sigue a los ojos.
Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.
Continuemos el viaje que a nuestro coraje la fe lo acarrea.
Corazón blanqueado por la lluvia. Carcaza golpeada por el viento.
Corazón cobarde no conquista damas ni ciudades.
Creamos situaciones y después renunciamos a nuestro poder culpando a otros de nuestras frustraciones. No hay persona, lugar ni cosa que tenga ningún poder sobre nosotros. En nuestra mente, sólo pensamos nosotros.
Créelo en tu corazón, que estás destinado a vivir una vida llena de pasión, propósito, magia y milagros.
Créeme, en tu corazón brilla la estrella de tu destino.