Cava la tierra y hallarás un tesoro, sólo que debes cavar con la fe de un labriego.
Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
Como fuerza social, un individuo con una idea vale por noventa y nueve con un solo interés.
Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.
Como no tenemos nada más precioso que el tiempo, no hay mayor generosidad que perderlo sin tenerlo en cuenta.
Con amor y aguardiente, nada se siente.
Con el espíritu sucede lo mismo que con el estómago: sólo puede confiársele aquello que pueda digerir.
Con su todo es ahora, con su nada es eterno, con su rap y su chotis, con su okupa y su skin, aunque muera el verano y tenga prisa el invierno la primavera sabe que la espero en Madrid.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
Con uno solo de sus cabellos una mujer puede arrastrar un elefante.
Contra la fuerza, fuerzas valgan, ya que razones no pueden nada.
Contra la razón augusta, nada. Sobre el deber de dar empleo a las fuerzas que puso en la mente la naturaleza, nada. Ni rey sobre el derecho político, ni rey sobre la conciencia. Por encima del hombre, sólo el cielo.
Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera verdad.
Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quién habla solo, espera hablar con Dios un día.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
Creen que no pasará nada porque cerraron la puerta.
Creo -es nada más un creer- que de mi poesía bien podría hacerse el arco con que una gacela traza la mañana.
Cualquier cosa debe tomarse seriamente, nada trágicamente.
Cualquier cosa que se quiere decir sólo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y un adjetivo para calificarla.
Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es.
Cualquiera puede hacer historia; pero sólo un gran hombre puede escribirla.
Cuando digo que mira, miento. No mira, sino que contempla distraídamente. De modo que quizá sólo fugazmente, casi sin querer, puede ocuparse de lo que le rodea.
Cuando el corazón se agita, se ofrenda rutinariamente. Por eso, sólo el sabio es capaz de agotar el sentido de la ofrenda.
Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada.