Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.
Nuestra imaginación nos agranda tanto el tiempo presente, que hacemos de la eternidad una nada, y de la nada una eternidad.
Nuestra lealtad es para las especies y el planeta. Nuestra obligación de sobrevivir no es sólo para nosotros mismos sino también para ese cosmos, antiguo y vasto, del cual derivamos.
Nuestra vida está tan llena que actúa cuando no hacemos nada.
Nuestro tiempo es tan excitante que a las personas sólo puede chocarnos el aburrimiento.
Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.
Nunca conserva firmes amistades quien sólo va atento a sus pretensiones.
Nunca crea nada hasta que no haya sido negado oficialmente.
Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.
Nunca digas nada de ti mismo que no quieres que se convierta en realidad.
Nunca encarcelaremos a la opinión, y reprimiéndola sólo la exacerbamos.
Nunca es tarde para no hacer nada.
Nunca escribo mi nombre en los libros que compro hasta después de haberlos leído, porque sólo entonces puedo llamarlos míos.
Nunca nada es tan claro como se ve en el cine. La mayoría de las personas no saben lo que desean o lo que sienten. Solamente en las - películas se sabe bien cuáles son los problemas y cómo resolverlos.
Nunca ocurre nada los domingos. Nunca encuentras un nuevo amor en domingo. Es el día de los infelices.
Nunca pelees con quien nada tiene que perder.
Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura.
Obró mucho el que nada dejó para mañana.
Oh amapolas, sólo soledad brota en mi cabello.
Oh, amada esperanza, aquel día sabremos, también, que eres la vida y eres la nada.
Otras manos lo han intentado, sólo las tuyas me han encontrado. Ya no puedo esconder el querer sentirte al amanecer.
Otros corazones no han tenido miedo, sólo el tuyo es el que quiero. Haré todo para cuidar tu amor, quizás será una tontería, no tengo temor.
Para adelgazar no hay nada como comer caviar sin pan y beber champán sin burbujas.
Para comprender, me destruí. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada más al mismo tiempo falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de haberla comprendido.
Para el escritor hay una cuestión de honor intelectual en no escribir nada susceptible de prueba, sin poseer antes ésta.