El hombre a quien no conmueve el acorde de los sonidos armoniosos, es capaz de toda clase de traiciones, estratagemas y depravaciones.
El hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras.
El hombre es un animal que se alimenta de adulaciones.
El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros muchos.
El hombre puede expulsar a la compasión de su corazón, pero Dios nunca lo hará.
El humor es una de las mejores prendas que se pueden vestir en sociedad.
El mal puede citar las sagradas escrituras para sus propósitos.
El mayor descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida alterando sus actitudes.
El mismo sol no ve hasta que el cielo se aclara.
El mundo es amigable para las personas que también lo son.
El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores.
El mundo es un espejo que refleja la imagen del observador.
El optimismo es vida; el pesimismo, un suicidio lento.
El pájaro tiene su nido, la araña su tela, el hombre la amistad.
El pasado es un prólogo.
El pasado nunca se muere, ni siquiera es pasado.
El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe.
El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas.
El pesimismo conduce a la debilidad, el optimismo al poder.
El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo al poder.
El pesimismo lleva a la debilidad, el optimismo al poder.
Él piensa mucho: hombres así son peligrosos.
El problema con los árbitros es que conocen las reglas, pero no conocen el juego.
El profesor mediocre dice. El buen profesor explica. El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira.
El que gusta de ser adulado es digno del adulador.