Es preciso saber lo que se quiere; cuando se quiere, hay que tener el valor de decirlo, y cuando se dice, es menester tener el coraje de realizarlo.
Gobernar dentro de un régimen democrático sería mucho más fácil si no hubiera que ganar constantemente elecciones.
Hay ocasiones en que cuantos nos rodean no merecen sino un poco de comedia. Seamos, entonces, un poco farsantes.
Hay personas divertidas que no interesan y personas interesantes que no divierten.
Hay personas silenciosas que son mucho más interesantes que los mejores oradores.
Hay tres amigos fieles; una esposa anciana, un perro viejo y dinero contante y sonante.
Incluso la paz se puede comprar a un precio demasiado alto.
Inscribe los agravios en el polvo, las palabras de bien inscríbelas en el mármol.
Invertir en conocimientos produce siempre los mejores intereses.
Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.
La admiración es hija de la ignorancia.
La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro.
La ciencia es para el mundo moderno lo que el arte fue para el antiguo.
La diferencia entre un civil y un militar es que el primero siempre puede militarizarse, pero el segundo rara vez puede civilizarse.
La energía y la perseverancia conquistan todas las cosas.
La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
La guerra es un asunto demasiado grave para confiárselo a los militares.
La honestidad es la mejor política.
La honradez reconocida es el más seguro de los juramentos.
La inversión en conocimiento paga el mejor interés.
La juventud es un disparate; la madurez, una lucha; la vejez, un remordimiento.
La llave que se usa constantemente reluce como plata: no usándola se llena de herrumbre. Lo mismo pasa con el entendimiento.
La magia del primer amor consiste en nuestra ignorancia de que pueda tener fin.
La meditación fortifica a los fuertes y debilita a los débiles.
La necesidad nunca hizo buenos negocios.