El que vive enamorado delira, a menudo se lamenta, siempre suspira, y no habla sino de morir.
El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para que se vive.
Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive.
Mi corazón me duele a mí. Y no debiera dolerme a mí, porque no vive de mí, ni vive para mí.