No te apartes de mí, ven cada día a hacerme triste, a hacerme hombre, hijo tuyo... Visítame.
Órbita de pasión y verdaderos, resplandecientes e infalibles rastros. Celestes nuestros cuerpos aunque oscuros.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!, Hacedla florecer en el poema.
Que el verso sea como una llave que abra mil puertas.
Qué profundo es mi sueño! ¡Qué profundo y qué claro, qué transparente es, ahora, el universo! Si pensando en ti, siempre, si, soñado contigo, me desvelo, y te miro por dentro, con mis ojos, si te miro por dentro...
Se hace más alto el cielo en tu presencia, la tierra se prolonga de rosa en rosa y el aire se prolonga de paloma en paloma.
Se me ha llenado el corazón de sueño.
Seamos ese pedazo de cielo, ese trozo en que pasa la aventura misteriosa, la aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño.
Ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás.
Si fuera un álamo, una luna, un dios luciente... Más sólo soy un hombre en la ladera, un hombre sólo, apasionadamente.
Si tú murieras, las estrellas a pesar de su lámpara encendida perderían el camino, ¿Qué sería del universo?.
Sólo para vosotros viven todas las cosas bajo el sol.
Sólo tú salvas el llanto y de mendigo oscuro lo haces rey coronado por tu mano.
Sólo tú, sólo tú puedes salvarme y darme libertad si me encadenas.
Tengo una atmósfera propia en tu aliento, la fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas, con su propio lenguaje de semilla.
Tú me devuelves más que yo te he dado, pues tú eres tú, yo sólo mi poesía.
Tú, mi razón de vida, mi razón de amor; mi razón, mi pensamiento, mi desencadenado sentimiento, la luz y el fuego de mi corazón.
Vivir en ti es vivir, viva pasión, y la vida sin ti no es mi tormento, sino injustificable y vano intento, imposible, imposible abdicación.
Volveré sobre las aguas del cielo.
Y ya no sé si a ti te estoy mirando, o si contemplo el cielo.
Ya ni quiero decirte que te quiero, silencio del amor, noche entregada.
Yo miro tu recuerdo náufrago. Y aquel pájaro ingenuo bebiendo el agua del espejo.
Yo no tengo orgullos de campanario.
¿Creías que el mundo termina donde tú acabas? Tú eres ya no fin, pero ni siquiera comienzo de ninguna cosa. No eres comienzo ni de ti mismo.
¿Hacia dónde vamos? Vamos hacia el sueño... ¿De dónde venimos? Venimos del sueño... Como las olas, como los vientos...