No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo, salvo el de hacer uno nuevo.
No hay que elegir por esposa sino a la mujer que uno elegiría por amigo si fuera hombre.
No hay que mirar que bien nos ha hecho un amigo, sino solamente el deseo que él tiene de hacérnoslo.
No puede conseguirse ningún progreso verdadero con el ideal de facilitar las cosas.
No te hagas demasiado amigo de nadie: tendrás menos alegrías pero también menos penalidades.
Para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos debe vaciar de nosotros mismos.