El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.
El verdadero amor no existe, sólo creemos que esta ahí.
El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.
El verdadero amor no sufre dilaciones.
El verdadero amor supone siempre la renuncia a la propia comodidad personal.
El verdadero arte de la diplomacia consiste en no perder el cargo.
El verdadero arte de la memoria es el arte de la atención.
El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede.
El verdadero carácter siempre aparece en las grandes circunstancias.
El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo. Pero uno sólo se convierte en un hombre cuando supera estos combates.
El verdadero conocimiento y la auténtica libertad se hallan en Jesús. Dejad que Jesús forme parte siempre de vuestra hambre de verdad y justicia, y de vuestro compromiso por el bienestar de vuestros semejantes.
El verdadero desarme no podrá suceder hasta que las naciones del mundo no cesen de explotarse unas a otras.
El verdadero discípulo es el que supera al maestro.
El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.
El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.
El verdadero enemigo te transmite un valor sin límites.
El verdadero héroe de algunas obras literarias es el lector que las aguanta.
El verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades y las ideas en hechos.
El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
El verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral.
El verdadero medio de ganar mucho consiste en no querer nunca ganar demasiado.
El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.
El verdadero modo de no saber nada es aprenderlo todo a la vez.
El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele.
El verdadero odio es el desinterés, y el asesinato perfecto es el olvido.