Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
Construyamos con nuestro corazón lo que a otros se les hace difícil construir con sus manos.
Cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.
Deja que la labor de mejorar te mantenga tan ocupado, que no te quede tiempo para criticar a otros.
Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros.
El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.
El cielo de la fama no es muy grande, y cuántos más en él entren a menos tocan cada uno de ellos.
El dolor que no se desahoga con lágrimas puede hacer que sean otros órganos los que lloren.
El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.