La dictadura de la burguesía o del proletariado, es siempre tiranía y la libertad no puede alcanzarse por medio de la tiranía.
La diferencia entre un civil y un militar es que el primero siempre puede militarizarse, pero el segundo rara vez puede civilizarse.
La educación gratuita es siempre una buena inversión que todas las sociedades deben hacer.
La envidia y el odio van siempre unidos, se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto.
La escalera que sube a un desván siempre sube y nunca baja, igual que siempre baja y nunca sube la de un sótano.
La esperanza es paradójica. Tener esperanza significa estar listo en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida.
La estupidez insiste siempre.
La estupidez real siempre vence a la inteligencia artificial.
La existencia dividida por la razón deja siempre un resto.
La felicidad es estar haciendo algo grande con la vida, algo que la llene y que vaya más allá de los propios intereses.
La felicidad siempre viaja de incógnito. Sólo después que ha pasado, sabemos de ella.
La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas.
La franqueza en las mujeres, es casi siempre una inconsecuencia.
La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre.
La gente termina siempre por condenar a los que acusa.
La gentileza siempre es un signo de traición.
La golosina prohibida, siempre es más apetecida.
La guerra es siempre una derrota de la humanidad.
La historia es siempre una fantasía sin base científica, y cuando se pretende levantar un tinglado invulnerable y colocar sobre él una consecuencia, se corre el peligro de que un dato cambie y se venga a bajo toda la armazón histórica.
La independencia siempre fue mi deseo, la dependencia siempre fue mi destino.
La infidelidad es como estar de socio con alguien y robar dinero de la caja.
La injusticia es una madre jamás estéril: siempre produce hijos dignos de ella.
La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado.
La inmoralidad ha hallado siempre en la religión un apoyo tan firme como la moralidad.
La insignificancia es siempre una garantía de seguridad.