La verdad política, cualesquiera que sean sus formas, no es más que el orden y la libertad.
La verdadera religión no consiste solamente en palabras; hace falta demostrarla con obras.
Las honestas palabras nos dan un claro indicio de la honestidad del que las pronuncia o las escribe.
Las leyes mantienen su crédito no porque sean justas, sino porque son leyes.
Las mejores cartas de amor de una mujer son siempre las escritas al hombre que está traicionando.