Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos.
Una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado.
Uno siente que ciertas palabras son terribles para todos los demás, salvo para nosotros mismos.
Y de nuevo voy cogiendo brazados de palabras entre la hierba fresca y bajo el cielo.
¡A trabajar! Provoca una infinita alegría saber qu todavía tenemos las mejores cosa por hacer.