Leer entre renglones.
Leer es el único acto soberano que nos queda.
Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida.
Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede filtrarse una novedad que aliente nuestro compromiso.
Leer un libro enseña más que hablar con su autor, porque el autor, en el libro, sólo ha puesto sus mejores pensamientos.
Lejos un trino. El ruiseñor no sabe que te consuela.
Llegó el otoño. El cachorro que no lo sabe es un Buda.
Lo malo de la pintura abstracta es que hay que molestarse en leer el título de los cuadros.
Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que será.
Lo terrible en cuanto a Dios, es que no se sabe nunca si es un truco del diablo.
Lo último que uno sabe es por donde empezar.
Los amores son como las setas, que no sabe uno si son venenosas hasta que ya las ha comido y es demasiado tarde.
Los gobiernos son velas; el pueblo, el viento; el Estado, la nave, y el tiempo, el mar.
Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van.
Los privilegios acabarán, pero el pueblo es eterno.
Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe.
Lozanía de atardecer. El sabe que la campana redobla el sonido de la vida.
Mal hombre es aquel que sabe recibir un beneficio y no sabe devolverlo.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
Me sepulto en cualquier parte y moriré... quién sabe dónde.
Mejor que el hombre que sabe lo que es justo es el hombre que ama lo justo.
Mi amor sabe aguardar. No es impaciente: su deseo es arroyo, y no torrente que hacia ti, con certeza, sigue andando.
Muchas veces las cosas no se le dan al que las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia.