A un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse.
Amo a este pueblo áspero (se refiere a los árabes nómadas), persistente, vivo, último ejemplo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de esa valiente civilización nuestra que tiembla de ira.
Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si no se está muriendo de hambre.
Beso el barro, amo el estuco delicado, me inclino ante los sabios estelares, ante el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto la única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de dios.
Campo de escarcha. A la loca del pueblo le ladra un perro.
Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda.
Cuando el gobernante mismo obra rectamente, ejercerá influencia sobre el pueblo sin dar órdenes, y cuando el gobernante mismo no obra rectamente, todas sus órdenes serán inútiles.
Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.
Cuando el pueblo es tan numeroso, ¿qué puede hacerse en su bien? hacerlo rico y feliz. Y cuando sea rico ¿qué más puede hacerse por él? educarlo.
Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.
Cuando un pueblo se exalta es difícil calmarlo; pero cuando está tranquilo es difícil saber cuándo va a exaltarse.
Cuando un pueblo trabaja Dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, Dios lo ama.
Cuando un pueblo ya no lee a sus escritores, los festeja.
Dejad pensar al pueblo que gobierna y se dejará gobernar.
El año 1789 acabó con la monarquía y la nobleza, 1848 con la burguesía y 1851 con el pueblo. No queda otra cosa que una muchedumbre canalla e imbécil. Todos nos hemos hundido y nivelado en una mediocridad común. La igualdad social ha alcanzado al Ingenio. Se hacen libros para todo el mundo, arte para todo el mundo, ciencia para todo el mundo, del mismo modo que se construyen líneas férreas y calefactorios públicos. La humanidad siente pasión por el embrutecimiento moral. Y eso me revienta porque formo parte de ella.
El genocidio -- la destrucción de un pueblo entero por sus orígenes étnicos o nacionales -- se ha convertido en una palabra de nuestra época, una realidad horrenda que exige una respuesta histórica.
El impuesto sobre la renta ha generado mayor número de mentirosos en el pueblo americano que el golf.
El mejor gobierno es el que desea hacer feliz al pueblo y sabe cómo lograrlo.
El pueblo anhela oro y distinciones, y se sentiría timado si los tuviera. Entre los grandes también se ha puesto de moda envidiar al campesino su agua de manantial y su jergón de paja, y más de uno se sentiría asimismo timado si llegara a verse en ese estado. El poeta alude a un ideal, se dirá. Pero quién sabe si el campesino no idealiza a su vez el estado del gran señor.
El pueblo aprendió que estaba solo. . . El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza.
El pueblo comprende más pronto el lenguaje de las pasiones que el de la razón.
El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere.
El pueblo es una fiera de múltiples cabezas.