Detrás de la cruz está el diablo.
Cuando el diablo está satisfecho, es una buena persona.
Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar
Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura.
El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa.
El que de amor adolesce, de él divino ser tocado.
En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía.
Era una pasión por la mirada, y en su mirada estaban los ojos antes del tiempo; dice su padre que el tiempo es melancolía, y cuando se para lo llamamos eternidad.
La poesía es amor y el amor, es poesía, que palpitan muy adentro del cofre del pensamiento.
Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis.
Véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y sólo para ti quiero tenerlos.
Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.
Lluvia de anoche, cubierta esta mañana por la hojarasca.
Nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa.
. . . Todo hombre está obligado a honrar con su conducta privada, tanto como con la pública, a su patria.
A diferencia de la vejez, que siempre está de más, lo característico de la juventud es que siempre está de moda.
A fuerza de hablar de amor, uno llega a enamorarse. Nada tan fácil. Esta es la pasión más natural del hombre.
A las mujeres les está bien llorar, a los hombres recordar.
A menos que haya complicaciones, está a punto de morir.
A quien Dios no le dio hijos, el diablo le dio sobrinos.
A todo se acostumbra uno en esta vida, menos a no comer.
A veces presiento que mi alma está en sombras, entonces me inclino, te beso, y hay luz.
A veces, el arte está en los críticos. Estos inventan el arte.
Admiro a la gente que admira, porque está despierta.
Ahoga entre tus labios mi tristeza, y esta inquietud punzante que ya empieza a taladrar mi sien con sus latidos.