Para rezar a Dios con devoción no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna religión.
Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.
Por cada persona que quiere enseñar, hay, aproximadamente, treinta personas que no quieren aprender.
Porque todo en el mundo es bello eternamente, y cada instante tiene su inefable emoción.
Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?