La declaración lisonjera que más agrada al amor no está en lo que se dice, sino en lo que se escapa.
La grandeza no se enseña ni se adquiere: es la expresión del espíritu de un hombre hecho por Dios.
La imposibilidad en que me encuentro de probar que Dios no existe, me prueba su existencia.
La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo.
La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir.