Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre.
Todos nacemos originales y morimos copias.
Todos nosotros somos cobayas en el laboratorio de dios. La humanidad es simplemente un trabajo en progreso.
Todos nuestros enemigos son mortales.
Todos o casi todos distinguen el alma por tres de sus atributos: el movimiento, la sensación y la incorporeidad.
Todos para uno y uno para todos.
Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
Todos podrían herir a la verdad. Pero nadie podría matarla.
Todos poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena.
Todos pueden matarme, pero no todos pueden herirme.
Todos quieren la paz, y para asegurarla, fabrican más armas que nunca.
Todos quieren ser amos y ninguno el dueño de sí mismo.
Todos quieren tener amigos y nadie quiere serlo.
Todos se pusieron allí de monumentos, y allí se quedaron sin moverse. Luego llegó la nueva moda y todos comenzaron a temblar de nuevo.
Todos se vuelven cada vez más rápidos y yo cada vez más viejo.
Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más.
Todos somos ángeles con una sola ala, debemos abrazarnos si queremos volar.
Todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en los que la humanidad ha creído alguna vez. Algunos simplemente vamos un dios más allá.
Todos somos capitanes y la diferencia está sólo en el barco en que vamos sobre las aguas del mar.
Todos somos culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades las mayores caerían sobre las clases dirigentes.
Todos somos diferentes, no juzgues, en vez de eso, comprende.
Todos somos fragmentos no sólo del hombre en general, sino de nosotros mismos.
Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla.
Todos somos iguales ante la ley... y me siento honrado de haber nacido plebeyo y voy a morir siendo plebeyo.
Todos somos maestros y alumnos. Pregúntate: ¿qué vine a aprender aquí y qué vine a enseñar?.