Aquí un marido que ama a su mujer es un hombre que no tiene el mérito suficiente para hacerse amar por otra.
Así como la desgracia hace discurrir más, la felicidad quita todo deseo de análisis; por eso es doblemente deseable.
Así toda la vida; errancias, cantos, mares, desiertos, ciudades, reflejos fugaces de todo lo perdido para siempre.
Atardecer primaveral. ¿Qué lee el hombre que no tiene mujer?.
Aunque no lo creas, no todo está perdido.
Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad cometiendo algún error espectacular.
Avanzando estos tres pasos, llegarás más cerca de los dioses: 1) Habla con verdad. 2) No te dejes dominar por la cólera. 3) Da, aunque no tengas más que muy poco que dar.
Bello es ver en la llanura una palmera piramidal; más, mujer, en tu hermosura todo es más regio, todo es triunfal!.
Bendito sea quien calla cuando no tiene nada que decir.
Besos de eternidad marcando territorios, colinas, cavidades.
Bienaventurado el que tiene talento y dinero, porque empleará bien este último.
Buscad dentro de vosotros y lo encontraréis todo, y alegraos de que allá fuera, o como queráis llamarlo, haya una naturaleza que diga sí y amén a todo cuanto habéis hallado en vosotros.
Cada altar tiene su cruz.
Cada arroyo tiene su fuente.
Cada ceremonia o rito tiene valor si se realiza sin alteración. Una ceremonia es un libro en el que una gran parte está escrito. Cualquiera entiende que puede leerlo. Un rito a menudo contiene más de un centenar de libros.
Cada clase social tiene su patología.
Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.
Cada cual tiene la edad de sus emociones.
Cada dogma tiene su día, pero los ideales son eternos.
Cada hombre tiene que inventar su camino.
Cada hombre tiene su precio.
Cada hombre, en el fondo de su corazón, tiene derecho a creerse enteramente igual a los demás hombres; de ello no se desprende que el cocinero de un cardenal deba ordenar a su amo que le haga la cena; pero el cocinero puede decir: "Soy hombre como mi amo; he nacido llorando como él; él morirá como yo entre las mismas angustias y las mismas ceremonias. Los dos tenemos las mismas funciones animales. Si los turcos se apoderan de Roma, y entonces yo me convierto en cardenal y mi amo en cocinero, lo tomaré a mi servicio".
Cada medalla tiene dos caras.
Cada obra de amor, llevada a cabo con todo el corazón, siempre logrará acercar a la gente a Dios.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.