El que busca fácilmente se pierde. Todo aislamiento es culpa.
El que da lo que tiene no está obligado a dar más.
El que da lo que tiene, a pedir se queda.
El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera.
El que empieza a instruirse en la filosofía de todo se echa la culpa a sí mismo.
El que escribe mucho no yerra menos del que habla mucho.
El que está enfermo no reusa la medicina. (un enfermo es dócil y hace todo por curarse).
El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.
El que hambre tiene, con pan sueña.
El que mucho habla, mucho yerra.
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
El que no ama siempre tiene razón: es lo único que tiene.
El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.
El que no tiene carácter no es un hombre: es una cosa.
El que no tiene celos, no está enamorado.
El que no tiene memoria, se hace una de papel.
El que no tiene mujer, cada día la mata; mas quien la tiene, bien la guarda.
El que no tiene opinión propia siempre contradice la de los demás.
El que puede prescindir del ser amado puede prescindir de todo.
El que quiera prosperar en sus negocios hágalos por sí mismo, y si quiere que todo le salga mal, no tiene más que confiarlos a manos ajenas.
El que quiera tener razón y habla solo, de seguro logrará su objetivo.
El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos.
El que quiere todo lo que sucede, consigue que suceda cuanto quiere. ¡Omnipotencia humana por resignación!. A esta resignación sólo por la gracia se llega.
El que respira, dice: tengo todavía todo por respirar. El infeliz, dice: tengo todavía lugar para las desdichas de los otros. El que ha muerto, nos dice: no conozco nada todavía, no puedo estar muerto.
El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón