Mi mente es incapaz de concebir una cosa como el alma. Puede que esté errado y que el hombre tenga un alma, pero yo simplemente no lo creo.
Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados.
Nada levanta tanto al hombre por encima de las mezquindades de la vida como admirar, sea lo que sea o a quienquiera que sea.
Nada nos hace más vulnerables que la soledad, excepto la avaricia.
Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevo ahí.
Nadie puede censurar o condenar a otro, porque nadie conoce perfectamente al otro.
Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, pero los malos solamente al primero.
No acometas obra alguna con la furia de la pasión; equivale a hacerse a la mar en plena borrasca.
No buscamos la sociedad por amor a ella misma, sino por los honores o los beneficios que puede reportarnos.
No debemos dejar de explorar. Y al final de nuestras exploraciones llegaremos al lugar del que partimos, y lo conoceremos por primera vez.
No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más.
No es posible vivir sin libros.
No gastes tu dinero antes de ganarlo.
No hables, en manera alguna, hasta que tengas algo que decir.
No harán muy grandes cosas los vacilantes que dudan de la seguridad.
No hay talento más valioso que el de no usar dos palabras cuando basta una.
No puede esperarse que los hombres sean trasladados del despotismo a la libertad en un lecho de plumas.
No puedo creer en la inmortalidad del alma. . . No, todo lo que se dice sobre la existencia después de la tumba está mal. Es sólo el producto de nuestra tenacidad hacia la vida. . . Nuestro deseo de seguir viviendo. . . Nuestro pavor de llegar a un final.
No sabemos ni un cienmillonésimo de nada.
No se debe ser demasiado severos con los errores del pueblo, sino tratar de eliminarlos por la educación.
No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo, los que proporcionan la felicidad.
No vaya apacible en una buena noche.
Nunca he podido concebir cómo un ser racional podría perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros.
Pensad como hombres de acción, actuad como hombres pensantes.
Por estas dos cosas no debe airarse un hombre nunca: por lo que puede remediar y por lo que no puede remediar.