Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
Tu piel entre las sábanas posee los hechizos del mito y el tamaño de las islas deseadas en años de inocencia.
Un título universitario no acorta el tamaño de vuestras orejas.
¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?
¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?