A la piedra arrojada, no le importa caer ni subir.
En su rostro advertí realmente aquella niebla que suele subir siempre mientras dura la sensación de placer que produce el creerse por encima de otros.
Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir.
¡El amor! Es el ala que Dios ha dado al alma para que pueda subir hasta él.