Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra manera.
Algunas veces debemos desechar los grandes pensamientos, y seguir los que las circunstancias nos inspiran.
Algunas veces en la vida conviene tener los ojos muy abiertos, otras a la mitad y otras más bien cerrados. La cuestión está en saber cómo cada vez.
Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer.
Algunas veces pienso en lo que los historiadores del futuro dirán de nosotros. Una sola frase será suficiente para definir al hombre moderno: fornicaba y leía periódicos.
Algunas veces, la razón me parece ser la facultad de nuestra alma para no comprender nada de nuestro cuerpo.
Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros.
Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora.
Allá donde esté, en un paraíso maravilloso, sólo le faltará una cosa. . . Tú.
Ama un solo día y el mundo habrá cambiado.
Amad el arte, entre todas las mentiras es la menos mentirosa.
Amaré al prójimo, sólo si no se acerca más.
Amigo es aquel que no te cree tonto cuando haces una tonteria.
Amigo sin dinero, eso quiero; que dinero sin amigo, a veces no vale un higo.
Amor no llega demasiado tarde a quien se siente demasiado solo.
Amor no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, sólo con lo que esperas dar; es decir, todo.
Amor: sólo una eternidad que no se alcanza.
Ante el miedo e inseguridad de un enemigo poderoso, sólo aparentemente, podemos sobreponernos y superar nuestro propio miedo e inseguridad.
Ante una lista de candidatos se piensa que, felizmente, sólo puede ser elegido uno.
Aprendamos a darnos con amor sincero a nuestro prójimo, solo así podremos nuestros pies sobre la Tierra.
Apresúrate; no te fíes de las horas venideras. El que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana.
Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz, sino también injusto.
Aquél que tiene fe no está nunca solo.
Aquellos a quienes se condena al suplicio manifiestan a veces una fortaleza y un desprecio a la muerte que en realidad no es más que el temor a mirarla cara a cara; de modo que puede decirse que esa fortaleza y ese desprecio son para su ánimo lo que la venda es a sus ojos.
Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.