Ante una lista de candidatos se piensa que, felizmente, sólo puede ser elegido uno.
Antes de darle a un político las llaves a la ciudad, puede que sea mejor cambiar las cerraduras.
Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.
Antes de querer cambiar al niño, tendríamos que querer cambiar nosotros.
Antes, por cinco marcos, el mismo Freud te trataba. Por diez, te trataba y te planchaba los pantalones. Por quince marcos, Freud permitía que tú le tratarás a él y eso incluía una invitación a comer.
Aprendamos a darnos con amor sincero a nuestro prójimo, solo así podremos nuestros pies sobre la Tierra.
Aquel que ama, el mismo se ata y se mata, y se hace de señor siervo, en tanto que todos cuantos ve se piensa que le usurpan su amor, y con muy poca superstición todo en su corazón se perturba y se le revuelve de dentro.
Aquel que desee convertirse en maestro del hombre, debe empezar por enseñarse así mismo antes de enseñar a los demás; y debe enseñar primero con el ejemplo antes de que lo haga verbalmente. Pues aquel que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios procedimientos, merece más respeto y estimación que el que enseña y corrige a otros, eximiéndose a él mismo.
Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz, sino también injusto.
Aquél que no perdona a otros, destruye el puente sobre el cual él mismo debe pasar; porque todos los hombres necesitamos ser perdonados.
Aquél que tiene fe no está nunca solo.
Aquellos que están lo suficientemente locos para pensar que pueden cambiar el mundo, son aquellos que lo logran.
Asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero.
Así como el individuo no está solo en el grupo, ni nadie es la sociedad solo entre los demás, el hombre no está solo en el universo.
Ataca el ocio con productividad y reconócele tu grandeza, solo así cruzarás la frontera entre el temor de soñar y la realidad de haberlos hecho realidad.
Atrás la tierra, el agua, el fuego, el aire: dejad que diga el pensamiento solo la flor sin cuerpo de mi voz desnuda.
Aunque estés solo, no debes decir ni hacer nada malo. Aprende a avergonzarte más ante ti que ante los demás.
Autoevidente: evidente para uno mismo, pero no para los demás.
Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad.
Bajo un mismo techo durmieron las cortesanas, la luna y el trébol.
Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo.
Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.
Cada lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discenir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido.
Cada loco con su tema.
Cada niño que viene al mundo nos dice: Dios aún espera del hombre.