El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño.
El hombre bajo todo gobierno sera el mismo, con las mismas pasiones y debilidades.
El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a los otros.
El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.
El hombre no se siente completo sólo con una familia, es el trabajo lo que nos da nuestra identidad.