Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse de lejos y no tomarse en serio. Después, el valor y la humildad, siempre que no sea ostentosa.
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio.
Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa.
Lo último que uno sabe es por donde empezar.
Lo único que deseo es un cuarto en alguna parte, lejos del aire frío de la noche. Con una silla enorme, chocolate y una estufa a leña.
Los actos más simples de amabilidad son de lejos más poderosos que miles de cabezas inclinándose en una oración.
Los años son como peldaños desde donde podemos ver mejor.
Los celos, dentro de la pareja, son una prueba irrefutable de desconfianza, y donde gobierna la desconfianza, no puede reinar el amor.
Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van.
Los intelectuales siempre están allí donde hay un canapé.
Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.
Los lugares donde no se ha amado ni se ha sufrido, no dejan en nosotros ningún recuerdo.
Los ojos son el punto donde se mezclan alma y cuerpo.
Los países libres son aquellos en los que son respetados los derechos del hombre y donde las leyes, por consiguiente, son justas.
Los que ayer fueron bosques y selvas de agreste espesura, donde envueltas en dulce misterio al rayar el día flotaban las brumas, y brotaba la fuente serena entre flores y musgos oculta, hoy son áridas lomas que ostentan deformes y negras sus hondas cisuras.
Los tacones y las aureolas ayudan a los enanos a crecer.
Mal hijo y buen marinero, mueren lejos.
Mariposa: qué triste me quedo sin tu luz que mi amor ilumina, te me vas...te me vas... y no puedo retener tu silueta divína.
Me cuesta bajar el poema del aire, allí donde me hundo con el plumaje vertical de las palabras. Rozando el infierno y el invierno el poema es un dios de pies ligeros apaleado por las estrellas.
Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría.
Me deprime ver que por más que no deje que el mundo me cambie no puedo evitar ser parte de él y sufrir sus consecuencias.
Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.
Me preparo bien. Sé lo que puedo hacer antes de jugar. Estoy siempre seguro.
Me sepulto en cualquier parte y moriré... quién sabe dónde.
Mi cazador de libélulas, ¿hasta donde se me habría extraviado hoy?.