Somos el puente hacia el infinito, arqueado sobre el mar, buscando aventuras para nuestro placer, viviendo misterios, eligiendo desastres, triunfos, desafíos, apuestas imposibles, sometiéndonos a prueba una y otra vez aprendiendo el amor.
Somos engañados por la apariencia de la verdad.
Somos esclavos de las leyes para poder ser libres.
Somos esclavos de lo que decimos y señores de nuestros silencios.
Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos
Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.
Somos libres, somos civilizados, lo que vale de poco, si impedimos a cualquier fragmento de la raza humana de participar en igual medida de la libertad y la civilización.
Somos lo que hacemos, no lo que pensamos ni lo que sentimos.
Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo.
Somos lo que pretendemos ser, así que elige bien lo que pretendes ser.
Somos los creadores de mùsica y los soñadores de sueños.
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Somos responsables de lo que somos, y no importa lo queremos ser, tenemos el poder de hacernos a nosotros mismos.
Somos simples sombras que nacen y mueren porque si.
Somos tan pequeños como nuestra dicha, pero somos tan grandes como nuestro dolor.
Somos temerosos de lo que nos hace diferentes.
Somos todos tan limitados, que creemos siempre tener razón.
Somos un país donde todos los que vinieron aquí rompieron raíces antiguas al dejar su país natal. Eso crea una ansiedad a largo plazo. Así que en los Estados Unidos la renuncia a provocar un disturbio siempre está ahí sentada, en oposición al otro gran deseo estadounidense, que es expresarse a uno mismo, ser libre y tener libertad de palabra.
Somos un pueblo que no quiere conservar mucho del pasado en la cabeza. Se considera malsano en Norteamérica recordar errores, neurótico pensar en ellos, psicótico analizarlos seriamente.
Somos una imposibilidad en un universo imposible.
Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír.
Son siempre más sinceras las cosas que decimos cuando el ánimo se siente airado que cuando está tranquilo.
Sonría más, sonreír puede hacerte feliz no sólo a ti sino a los otros.
Sonríe aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír.
Soy el hombre más sencillo que existe, pero cuando siento un "grito" en mí, no acepto transformarlo en una "vocecilla" para complacer a los mudos y a los tartamudos. Pues yo no deseo agradar a nadie, ni tener discípulo ni ser discípulo. He venido a este mundo por algunos instantes y quiero lanzar un grito y partir. Nada más.