Los hombres son fantasiosos siempre quieren lo que está prohibido: la libertad, por ejemplo.
No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres.
Y yo, ciego y mortal, hacia tu carne, hacia las soledades de tu pecho pongo mi corazón y escucho.
Yo no tendría ningún interés en escribir si supiera de antemano lo que va a pasar en mis cuentos.