Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices.
Al brillar un relámpago nacemos y aún dura su fulgor cuando morimos; tan corto es el vivir.
Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
Al principio de las catástrofes, y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica.
Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás.
Algo habrá de malo en la riqueza cuando a todo el mundo le da vergüenza confesar que la tiene.
Algunos aman las flores y los animales porque son incapaces de entenderse con sus semejantes.
Algunos escritores aumentan el número de lectores; otros sólo aumentan el número de libros.