Todo delito que no se convierte en escándalo no existe para la sociedad.
Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad.
Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse.
Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos.
Una sociedad sin pasiones es estacionaria.
Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.
¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público.